El Patrimonio Inmaterial en Andalucía. El Flamenco y la Música Procesional

2. El Flamenco


Sevilla. El baile de Joaquín Sorolla [óleo sobre tela]


El flamenco es una manifestación artística profundamente arraigada en la cultura andaluza, que combina cante, toque y baile. Aunque su origen exacto continúa siendo objeto de debate, se reconoce como resultado de una compleja fusión de tradiciones musicales árabes, judías, cristianas y gitanas. Esta confluencia de influencias se desarrolló en el sur de la Península Ibérica, especialmente en las provincias de Cádiz, Sevilla y Granada, a lo largo de los siglos XVIII y XIX.

Desde sus inicios como expresión marginal y popular, el flamenco ha evolucionado hasta convertirse en una de las músicas más reconocidas a nivel mundial, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2010. Su desarrollo ha estado marcado por la oralidad y la transmisión directa entre generaciones, lo que ha favorecido una rica diversidad estilística.

Los elementos más característicos del flamenco son:

El cante: corazón expresivo del flamenco, con una amplia gama de estilos (o palos) que abarcan desde los más sobrios y profundos (como la seguiriya o la soleá) hasta otros más festivos y ligeros (como las alegrías o los tangos).

El toque: la guitarra flamenca no solo acompaña, sino que dialoga activamente con el cante y el baile. El desarrollo técnico e interpretativo del toque ha dado lugar a grandes solistas y renovadores del instrumento.

El baile: combina fuerza, elegancia y complejidad rítmica, con un dominio del compás y una expresividad corporal que integra zapateado, braceo y giros.

El compás: eje estructural del flamenco, con patrones rítmicos característicos según el palo, que pueden incluir compases simples, compuestos, amalgamados o incluso la ausencia de métrica fija.

 La improvisación: aunque los esquemas básicos son conocidos por los intérpretes, el flamenco deja espacio a la improvisación, permitiendo que cada actuación sea irrepetible.