La Forma Sonata
2. Orígenes
La forma sonata tiene sus orígenes en la evolución de las estructuras musicales barrocas, especialmente en la sonata da chiesa y la sonata da camera, que presentaban secuencias de movimientos contrastantes, destinados en algunos casos a acompañar servicios religiosos o actos de cámara. Estas primeras sonatas solían componerse de varios movimientos independientes y contrastantes, aunque sin una estructura interna unificada como la que más adelante caracterizaría la forma sonata en el periodo clásico.
Nature morte au violon. Oudry, Jean-Baptiste (1686-1755) [óleo sobre lienzo] |
Otro antecedente clave en la formación de la sonata clásica es la forma binaria, ampliamente utilizada en la suite barroca. Esta estructura estaba dividida en dos grandes secciones: una primera sección que modula de la tonalidad principal a una tonalidad vecina, frecuentemente la dominante, y una segunda sección que regresa a la tónica. Esta forma binaria fue fundamental en la creación de un esquema armónico y formal que permitió la aparición de un nuevo lenguaje basado en contrastes temáticos y en relaciones tonales, características que, más adelante, pasarían a ser esenciales en la forma sonata.
Durante el periodo de transición hacia el Clasicismo, hubo una tendencia creciente a unificar los movimientos de las obras musicales en una estructura más compleja y cohesiva. Esta evolución marcó una ruptura con las prácticas del Barroco, donde los movimientos individuales tendían a mantener su autonomía temática y estilística.
En el Clasicismo, los compositores comenzaron a explorar cómo los temas contrastantes podían integrarse dentro de una narrativa musical continua, creando una interacción orgánica entre las distintas secciones de una obra. Este enfoque permitió desarrollar ideas musicales que no solo se diferenciaban entre sí, sino que también se relacionaban de manera lógica, reforzando la unidad de la composición.