4. La Forma Sonata

El carácter dinámico de la sonata clásica se expresa principalmente en su primer movimiento, construido bajo un esquema conocido como forma sonata. Esta estructura se convierte en el mayor representante del estilo clásico y se utiliza no solo en la sonata si no también en otros géneros como la sinfonía y el concierto. Además, su influencia se extiende al resto de los movimientos de estas obras: los finales pueden adoptar la forma sonata, aunque con un carácter más ligero; en ocasiones, el segundo movimiento lento se construye en forma sonata, aunque generalmente sin desarrollo, acercándose a la forma lied. También aparecen formas mixtas, como el rondó y el minueto, que muestran elementos derivados de la forma sonata.

La forma sonata se caracteriza por dividirse en tres secciones principales: exposición, desarrollo y reexposición. Estas partes son fácilmente identificables, ya que al final de la exposición suele aparecer un signo de repetición, una tradición heredada del barroco. La exposición, a su vez, se divide en dos bloques: el primer bloque presenta el tema principal en la tonalidad original, que modula hacia la dominante y termina con una pausa clara; el segundo bloque introduce un nuevo tema, generalmente en la tonalidad de la dominante o en el relativo mayor si la obra está en modo menor.

El desarrollo es la sección más inestable y se caracteriza por la modulación a diversas tonalidades cercanas o relativas, explorando y transformando el material temático. Esta sección concluye preparando la tonalidad original mediante un regreso a la dominante, marcando la transición hacia la reexposición.

En la reexposición los temas de la exposición vuelven a escucharse pero sin modulaciones; todo permanece en la tonalidad original, asegurando un cierre estable.